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La búsqueda de tu felicidad

Cuando nacemos, somos pura esencia. Es el único momento de la vida que somos nosotros mismos al completo.  Somos  verdaderos, transparentes y puros. Pero es que llega un momento, mientras caminamos por la vida, que nos ocurren una inmensidad de cosas. Convivimos con situaciones que no elegimos de manera consciente.

Y digo de manera consciente porque en realidad, todas son elegidas por nosotros, aunque no lo creáis. Nuestro inconsciente manda sobre nosotros. Nuestro cerebro emocional o sistema límbico es el que nos dirige en un 90% de nuestro día a día. En el centro de la utilidad del sistema límbico están las emociones, aquello que vinculamos con lo irracional.

La búsqueda de tu felicidad

No solo no pensamos racionalmente la mayor parte del tiempo, sino que hasta hace unos pocos miles de años la racionalidad no existía y, de hecho, en algunas culturas poco occidentalizadas los adultos tienden a no llegar a la cuarta etapa del desarrollo cognitivo propuesta por Jean Piaget.

Es decir, que aquello que llamamos racionalidad es más un producto de la historia que el fruto de un conjunto de estructuras cerebrales diseñadas para ello. El sistema límbico es, en todo caso una de las regiones del cerebro que permiten la aparición del pensamiento racional, y no al revés.

Sin embargo, tal y como hemos visto, el sistema límbico está profundamente interconectada con otras áreas del cerebro no directamente identificadas con aquello que conocemos como las emociones, por lo cual la idea de que tenemos un cerebro emocional es, en buena parte, una manera excesivamente imaginativa de entender esta red de conexiones.

La búsqueda de tu felicidad comienza cuando conectas con tu esencia

Y es que en realidad tenemos la libertad de elegir. Todos somos libres de elegir la vida que queremos vivir. Nos parece que las cosas que nos suceden nos vienen impuestas. Pero no. Pensar de esta manera proviene del ego. Pensar así es vivir en el miedo, en lugar de posicionarnos en el amor.

El día que me di cuenta de que soy la única responsable de mi vida, comencé a vivir. Estamos habituados a echar la culpa al de al lado. Lo normal es que cuando pase algo que no te gusta, eches balones fuera. Y os confieso que darse cuenta de esto es realmente difícil. Se trata de despertar la consciencia y pasar a otro nivel.

Yo trabajo cada día en mí y en que somos 100% responsables de nuestras acciones. Y estas acciones tienen consecuencias siempre. A lo mejor una acción que llevaste a cabo hace muchos años, tiene sus consecuencias ahora. Para bien y para mal. Piénsalo.

Precisamente  estos días me he estado  preguntando mucho en qué momento de la vida, comenzamos a alejarnos de nuestra esencia.

Ocurren cosas que nos hacen sufrir. Nos pasan cosas y nuestra actitud es elegir el sufrimiento. Porque el dolor inevitable pero el sufrimiento es opcional.

Tuve la gran suerte de convivir unos días con mis sobrinos pequeños. Tienen 4 años (casi 5).  Y me pasó una cosa que me hizo despertar en cierto sentido. Uno le hizo daño al otro y yo le dije: Pídele perdón, le has hecho daño. Y el “agredido” contestó, no, no hace falta que me pida perdón…

Me quede ojiplática… ¿En qué momento perdemos esa inocencia? ¿Cuándo fue la última vez que no le exigimos a alguien que haga lo que “debe”? O más bien lo que nosotros pensamos que debe hacer. ¿Dónde quedó ese amor incondicional con el que nacemos todos?

La esencia de la vida es el amor. Somos concebidos desde el amor. Nacemos siendo amor. Habrá quien piense que esto es una cursilada. Me imagino que quien vive en el miedo, en el resentimiento, en la ira, todas estas cosas las ve como pérdidas de tiempo. Pero si profundiza un poco se dará cuenta de que la respuesta a todas sus preguntas siempre está en el amor.

Claro, porque vivir en el amor es perdonar, respetar, dejar de juzgar. Amar a todas las personas porque todos somos uno. Tú eres yo y yo soy tú.

Y no perdonar supone un gasto de energía inmenso que te hace perder calidad de vida. No eres tan importante. Ni eres el centro del universo. Y las personas nos equivocamos porque afortunadamente, no somos perfectos.

Aprender esto, es la base para vivir en el amor. Y qué difícil es. Cuando te alejas del amor, te acercas al miedo. Entonces, quien actúa es el ego. No es tu corazón.

Cuando comenzamos a sufrir ante una situación, es porque el ego es quien actúa, no nuestra esencia. Piénsalo. Cuando alguien nos insulta, y nos ofendemos, elegimos aceptar ese insulto. Si otra persona tiene un problema y su manera de desahogarse es agrediéndote, ¿De quién es el problema? No puedes darle el poder al otro.

Probablemente si tanto te molestas es que está dañando una parte de ti porque ya está dañada de antes. No porque de repente el otro sea culpable de tu vacío. Si algo te incomoda de alguien, cúrate. Empieza por ti. Sánate a ti mismo. Y verás lo que pasa a tu alrededor. Es impresionante.

Si eres una persona completa, sin miedos, cuando eres TÚ realmente, en esencia, no permites que nadie te haga daño.

Cuando por fin comprendes que la única persona que puede hacerte sufrir, eres tú mismo, el miedo se desvanece.

Pero, en algún momento, nos desviamos del camino y nos dirigimos hacia el miedo. Y ahí permanecemos. Y cuando el miedo está colocado en el inconsciente, resulta imposible trabajar para cambiarlo. No podemos solucionar un problema si desconocemos su existencia. No podemos transformar aquello de lo que no somos conscientes. Esa es la parte compleja.

En mi caso, descubrí mis miedos a raíz de mi infelicidad. Para mí fue la clave. Cuando tomé conciencia de lo infeliz que era, pude cambiar. Cuando acepté que era yo la única responsable, pude desviarme del camino equivocado en el que estaba atrapada.

“Cada día nacemos de nuevo, lo que hagamos hoy es lo más importante”. Buddha.

¿Y tú, estás dispuesto a nacer de nuevo cada día?

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