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La luna he venido a verme

Aunque el título suene a cursilada total, esta vez, queda lejos esa intención…

El caso es que todas las noches salgo a la terraza y me quedo largo tiempo mirando la luna. Nunca falla. Normalmente la tengo justo encima. Causalidades de haber elegido hace unos años, precisamente esta casa, con esta orientación, en esta planta en concreto, para vivir.

Otras veces no la veo y tengo que buscarla. Y resulta que se ve desde la ventana de la cocina y allí me quedo observándola. Lunática total.

No sé que tiene la luna que tanta paz me da. Y esos días, de luna llena, tengo una sensación extraña en mi mundo. De alegría y tristeza, todo a la vez. Emociones mezcladas que tienen su razón de ser.

la luna ha venido a verme

Así que me dedico a aceptarlas y a observarlas. Y las abrazo. Que al final, es abrazarme a mi misma. A veces me da por llorar. Así que lloro. Otras por reír, Así que río.

La cuestión es que me dejo llevar. Dejo fluir mis emociones como si de una cascada se tratara. Y después, siempre, me siento mejor.

Con esto os quiero expresar la importancia de dejar sentir. De permitir sentiros. De decir SI a esos sentimientos. Agradables o desagradables. Los que nos tocan en ese preciso instante.

Y por mucho que eches a correr, te persiguen.

¿Nunca has tenido la sensación de que la misma historia se repite y se vuelve a repetir? Pues no es la vida la que ha venido a machacarte.

Eres tú.

Sólo tú. Tu inconsciente te trae en una bandejita de plata una y otra vez la misma historia, con diferentes personajes, disfrazados de gigantes, cabezudos o monstruos, en diversos escenarios, para que te enteres de una vez.

Para que quites la venda gruesa de tus ojos y VEAS. Pero VEAS de verdad. No en la superficie. Si no en lo más profundo de tu ser.

Así que, cuando todas las noches, la luna viene a verme, me dejo sentir y la escucho.

Y me dice que todo va a salir bien. Que a pesar de sentir la soledad inmensa dentro de mí, en determinadas circunstancias, no estoy sola.

Que somos la inmensidad. Que los seres humanos debemos dejar de concebir la humanidad con individualidad si no como UNA UNIDAD.

Que la sensación de vacío y angustia de algunos días, es solo eso, una sensación. Que la realidad que vemos sólo es un 5%. Que la verdad, tu verdad, el otro 95%, está escondido en tu inconsciente.

Y por esta razón, debemos dejarnos sentir. Porque solo así, dejaremos salir lo que tiene que salir. Expulsarlo. Y lanzarlo al más allá sin billete de vuelta.

Sólo así aprenderemos a soltar. Soltar significa liberar esas emociones bloqueadas. Que pesan como ladrillos dentro de nosotros.

No tengas miedo a sentir. Sentir es un modo maravilloso de vivir. Para mí, la única manera de vivir. De convertirte en amor y alejarte del miedo.

De resetear esa personalidad de bloque de hielo que solo acerca a otros bloques de hielo que actúan como robots y hablan en lenguaje superficial.

Tu personalidad puede cambiar.

La personalidad que tenemos hoy se ha ido formando en base a nuestras creencias y vivencias.

La buena noticia es que la podemos modificar, a nuestro antojo.

¿Difícil?

Bueno, según los ojos con los que tú decidas mirar. Y según tu afición a los retos que nos plantea la vida. Si lo ves difícil, será difícil. En realidad es un proceso de cambio, de transformación.

Y como en cualquier proceso, hace falta tiempo. Y duele. Los cambios interiores en positivo, aquellos que abren tu conciencia y te hacen responsable de tus actos, duelen. Sin embargo, siempre dan buenos resultados.

El primer paso es tomar la decisión de querer hacerlo. Ese es el primer paso. El resto va viniendo. Porque en cuanto tomas la decisión del cambio, rápidamente empiezan a ocurrir cosas mágicas. Os lo aseguro.

Cuando tomas la decisión de reprogramar tu cerebro, aparecen situaciones espontáneas que ayudan al proceso.

Así es. Lo he vivido.

Pero para esto, hemos tomado la decisión de vivir en el amor, y no en el miedo.

Gracias por leerme. Yo sin vosotros ni sería, ni estaría.

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