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Tu vida no es eterna

Nos creemos que nuestra vida es eterna. Que esto es para siempre. Por esta razón, en muchas ocasiones, dejamos de valorar la vida. Empieza a valorar los pequeños detalles de la vida. Son estos los que nos llenan de paz y bienestar. Los que perduran en el tiempo y se mantienen.  Nuestra existencia es un regalo. Un verdadero privilegio.

Una vez más, Borja Vilaseca ha hecho que mi cabeza comience a dar vueltas sobre esto. El otro día, viendo un video en el que habla sobre la muerte, decidí recapacitar un poco sobre la muerte como parte de la vida y de la vida como parte de muerte…

Él nos habla un poco de la gran preocupación que hay en nuestra sociedad sobre lo que habrá después de la muerte. ¿Hay vida después de la muerte? y digo yo… ¿Acaso estamos viviendo de verdad? ¿Hay vida antes de la muerte?

Si te preguntara, ¿Cambiarías algo hoy si te enteraras que te queda poco tiempo de vida? Si tu respuesta es sí… uf, plantéate si quieres seguir haciendo lo que estás haciendo.

Piensa si deseas compartir la vida con las personas con las que la compartes. Si sigues eligiendo tener pensamientos autodestructivos. Si vas a seguir dejando para mañana lo que puedes hacer hoy.

Al final, como insisto tantas veces, el objetivo de cada una de las personas que habita este mundo, es ser feliz. Sentirnos llenos de paz y bienestar.

El deseo de todos los individuos es sentirse amado, querido, necesitado, útil, importante. Tener la certeza de que está aquí para algo, que tiene una función. Saber que tenemos un propósito de vida.

“Hay dos formas de vivir la vida: una es creer que no existen milagros. Otra es creer que todo es un milagro”, decía Albert Einstein

Y es que en cuanto dejamos de valorar las pequeñas cosas de la vida, dejamos de ser felices. Cuando el simple hecho de que amanezca un sol espléndido cada mañana, no nos parezca un milagro, estamos condenados a la queja constante.

O ponerte de mal humor cada vez que te levantas y está lloviendo, te impide darte cuenta de que si no lloviera, no tendríamos paisajes tan maravillosos como los que hay cuando viajamos por el mundo. O que nos permite ducharnos todos los días y tener agua para beber.

Si algo te está molestando, cámbialo. Si a tu alrededor tienes personas que te frenan para hacer lo que realmente quieres, aléjate. Si no te gusta tu trabajo, busca otro. Pero elimina  la queja de tu día a día.

Te propongo practicar la gratitud. Dar las gracias por lo que sí tienes. En lugar de enfocarte todo el tiempo en lo que todavía no tienes. Si creas conciencia en tu mente y sientes gratitud por lo que tienes hoy en la vida, el resto, comenzará a llegar.

No esperes a que sea demasiado tarde. Más vale arrepentirse de todo lo que has hecho que de lo que nunca hiciste. No te quedes con las ganas. Inténtalo. Aunque te equivoques. Aunque te salga mal. A pesar de que a los demás les parezca ridículo.

No te quedes con la sensación de lo maravilloso que hubiera sido superar esa barrera. Sáltala. Compruébalo con tus propias manos. Siéntelo con tu propio corazón. No dejes que te lo cuenten. Vívelo.

No permitas tener algún día el pensamiento de, ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente me gusta. O de repente darte cuenta de que no has vivido tu propia vida, sino la de alguien más.

La vida no es fácil. Sin embargo se trata de elegir la actitud ante las adversidades. Tú puedes hacer que algo complicado se vuelva simple. Eres capaz de convertir los problemas en oportunidades. De transformar los conflictos en retos.

La respuesta es sí. Me voy a arriesgar. La mente está entrenada para mantenerse en la zona de confort. Por esta razón es tan difícil salir de ella. Observar conscientemente la realidad, cuando solo hay miedo, es muy complicado. Pero así es. Lo dice la ciencia, no solo yo.

Parece una broma, pero estoy segura de que cuando te planteas estas circunstancias, algo cambia dentro de ti. Cuando piensas que te puede faltar la vida, te aferras a ella.

Y empiezas a valorar cada sorbo y cada bocado. Cada paisaje, hasta el de tu ciudad llena de polución, se ve bonita contemplada desde tu ventana. Porque tienes ojos y puedes ver. No hace falta ir en busca de nuevos paisajes, solo consiste en elegir nuevos ojos.

Y comienzas a disfrutar cada paso, aunque sea camino del trabajo. Pero es que tienes un trabajo. Y además puedes caminar. Y valoras cada respiración profunda, la que te ayuda a  relajarte. Porque puedes respirar.

Y agradeces cada persona que te cruzas y te devuelve la sonrisa. Porque entiende de empatía. Cada contacto físico con las personas a las que quieres. Un abrazo, un beso, una palmada en el hombro. O el simple hecho de coger a alguien de la mano, porque sabes que lo está pasando mal.

No mires para atrás, el pasado ya no importa. Importa hoy. Importa mañana. No te preocupes por el hubiera. El hubiera no existe. Ocúpate de lo que vendrá.

Y así seguiremos, viviendo la vida como si no hubiera un mañana. Porque a mi modo de entender y con los ojos que yo veo, no hay otra manera. Y continuaré creyendo que quien de verdad quiere encontrará un medio, quien no, una excusa.

Os dejo el video del que os hablaba al comienzo del post. Espero que lo disfrutéis y que os inspire como a mí.

Y, no lo olvides, ¿Cambiarías algo si te quedara un año de vida?

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