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Me había acostumbrado

Me había acostumbrado a levantarme por la mañana y pensar en qué ocurriría el día de mañana. A esperar sentada sin pasar a la acción. Esperaba a que llamaran a mi puerta,  a que me pasaran cosas buenas, pero no llegaban. Pensaba en el futuro sin vivir el presente y me culpaba contínuamente por mi atormentado pasado. Me había acostumbrado a aguantar a la gente tóxica que quería amargarte el día y permitía que ocurriera. A creerme todo lo que me decían cuando llegaba con una nueva ilusión: “eso es una locura” y lo sacaba de mi mente… Me acostumbré a desilusionarme cada vez que alguien no creía en mí.

Cuando vemos normal lo que ocurre a nuestro alrededor por el simple hecho de que lleva siendo así toda la vida.

Intenté olvidar todo lo malo que pasó en mi vida… Y no hice más que recordarlo. Intenté recordarlo para no volver a cometer los mismos errores y sufrí demasiado. Pero el sufrimiento es una elección libre. El dolor es inevitable pero el sufrimiento se escoge. Somos los únicos dueños de nuestros propios pensamientos y en nuestra mano está cambiarlo. Cambia tus pensamientos y cambiarás tu vida.

Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo.

¿Y cómo se cambian los pensamientos? ¡Llevamos toda una vida pensando de la misma manera! O más bien, ¿Nos han enseñado a pensar? Actuamos de forma automática de la manera que hemos aprendido a hacerlo. Nos dejamos llevar por lo que hace y piensa la mayoría porque llevamos toda la vida haciéndolo así. No nos hemos planteado de verdad si es así como queremos seguir comportándonos. ¿Me gusta lo que hago? ¿Hago lo suficiente para ser feliz?.

Hazlo. Y si te da miedo, hazlo con miedo.

Tenemos la costumbre, el hábito, una cultura de pensamiento. Y cambiarlo requiere, para empezar, querer cambiarlo, tiempo, práctica y gran esfuerzo. Hacerlo todos los días, ser constantes y estar convencidos de que es ahí donde queremos ir. El pensamiento se te hace bola, convirtiéndose en un bucle que avanza en espiral volviendo al origen y comenzando de nuevo. Los bucles son síntomas de nuestros miedos y con nuestros miedos  aparecen los pensamientos negativos. Y eso es lo que necesitamos cambiar. Al final pasamos horas dándole vueltas a la misma cosa para llegar a la misma conclusión por la que empezamos y sin conseguir estar en paz.

¿Te atreves a soñar?

Me había acostumbrado a tener sueños que no eran míos. Me acostumbré a luchar por pasiones que no eran las mías. Tanto, que olvidé qué quería hacer en mi vida. Me acostumbré a compararme, a querer vivir la vida de los demás. Me acostumbré a sufrir. A qué el de al lado se sintiera alguien porque yo me sentía nadie. Me acostumbré a decir me da igual, no me importa, lo que tú quieras. Me acostumbré a ser quien ellos querían que fuera. Me acostumbré a la debilidad. Y se me olvidó por completo quien era. Me acostumbré a tener miedo, haciendo de él un hábito. Y cuando el hábito es tener miedo, el miedo se vuelve parte de ti. Y te estancas. Te mantienes en tu zona de confort. Y no haces NADA.

Al final, todo va a salir bien, y si no sale bien, es que no es el final.

Y al final, justo cuando crees que no puedes más, cuando te das cuenta que llevas semanas sin tener hambre y el insomnio ya forma parte de tus noches, aparece una fuerza innata (que todos tenemos) porque todo tiene un límite. La parte positiva de esto es darte cuenta de que todo tiene fin y nada es eterno, ni lo bueno, ni lo malo. Y como por arte de magia, un buen día, no un día cualquiera, sino el día que tenía que ser,  desperté. Y tomé la mejor decisión de mi vida: Decidí ser feliz. Tomé la decisión de volver a mí, de ser yo. Me di cuenta que para que crean en mí, primero tengo que creérmelo yo. Que sí tenía sueños y metas  muy escondidos como un cofre del tesoro y los anclé en mi mente con el fin de visualizarlos cada mañana al despertarme.

Ya nadie me lo podía quitar porque la parte de mi que yo creía que había perdido,  resulta que no sabe estar sin mi.  Y empecé a recordar todo lo que había olvidado. Terminé con las malas costumbres y los hábitos que hacen daño. Ejercitando la mente y sin despistarme. Me sentí libre. Fue lo mejor que me pasó en la vida. Dicen que 21 días hace falta para crear un hábito pero también 21 para desprendernos de él. Me había acostumbrado al miedo. Era un hábito, no una realidad. Me di cuenta que a lo que tanto miedo le tenía hace años que pasara y lo que me hacía darle vueltas a la cabeza, nunca pasó… Se trata de aguantar, de ser fuerte y dar lo mejor de uno mismo, de luchar contra tus monstruos y luego todo vendrá sólo. Cuando decides que te mereces todo lo bueno, las cosas buenas empiezan a llegar.
Abre bien los ojos, todo lo que puedas, porque a veces, lo mejor de la vida, esta frente a ti y no lo queremos ver.

“I wait for something, and something died… So I wait for nothing, and nothing arrived”

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