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Hoy es un buen día para ser feliz

Siempre tenemos en la mente millones de cosas para hacer. Planes, tareas, obligaciones, proyectos, ideas… pocas son las cosas que llegan a su objetivo y se cumplen.

Sin embargo, hacer aquellas cosas que tanto deseamos, en realidad, dependen simple y únicamente de nosotros mismos. Cuando pasan y pasan los días, amanece y anochece y sigues sin hacer aquello que hay en tu mente, ¿Te has preguntado si realmente quieres hacer eso? ¿Es real? ¿O son cosas que nunca sucederán?

Es impresionante lo habitual que es encontrar alguna excusa para dejarlo para otro día. Para dejarlo para después. Siempre postergando: Estoy muy liado, hoy está lloviendo, hace frío, tengo otras cosas más importantes… Y vamos haciendo una cola de cosas que se van acumulando y están en completo desorden.

Pues desde las gafas con las que veo yo el mundo pienso: Querer es poder. Deja de engañarte. Abre los ojos por dentro. A la única persona que engañas es a ti mismo. Mentirle a tu madre, a tu amiga o a tu compañero de trabajo, solo te hace daño a ti mismo.

Las excusas sólo te afectan a ti. Aunque creas que te libras de hacer eso que sabes que debes hacer, lo único que haces realmente es encarcelarte más y más. Cuanto más tardes en retrasarlo, más pesará después. Más trabajo y esfuerzo te costará.

Si no lo haces es porque no quieres. Nos encontramos con dos caminos ante las situaciones en las que debemos tomar una decisión: Hacer o no hacer.

Podemos quejarnos porque nunca tenemos tiempo de hacerlo. Podemos estar en un enfado permanente cada vez que nos viene a la mente aquello que tenemos pendiente. Los deberes que nunca llegan a término.

Quejarse o pasar a la acción. Desde mi punto de vista, la queja es el camino fácil. El del conformismo. El de la irresponsabilidad e inconsciencia. Quejarse es inmovilizarse en un cómodo rincón. Quedarte sentado, entre 4 paredes y sin ventanas. Por que no ves la salida. Encerrarse en el modo queja no te permite ver el horizonte de opciones que tenemos cada día y en cada instante. La queja es el colchón en el que te proteges del posible fracaso.

O bien, podemos elegir libremente el otro camino, el incómodo. El menos confortable, aunque sea solo al comienzo. El otro camino requiere esfuerzo y a veces, algo de sufrimiento, y no todo el mundo está dispuesto. Tiene espinas y piedras que te hacen tropezar y caer.  Hay tormentas que caen sin previo aviso. El camino de los tornados, los huracanes y los terremotos íntimos.

Aunque el trayecto de este viaje resulte complicado, es el más bonito. La ruta del aprendizaje. El sendero por el que a medida que avanzas, vas soltando capas. Capas que duelen al perderse, pero que liberan. Capas que al desaparecer, a pesar de que lleven su tiempo, se sienten como un triunfo. Y acabas comprendiendo porque ese triunfo en ocasiones tarda un poco más en revelarse.

Medallas que se ganan en secreto. El número uno del podio escondido porque sólo tú sabes que has llegado. Solo tú has sentido lo que no tenías más remedio que sentir para llegar hasta aquí.

La recompensa existe. Acabamos descubriendo el tesoro. Nuestro tesoro. Como los piratas en su búsqueda. Es cierto. El trabajo da sus frutos, siempre. Puede ser un poco más lento o más rápido. Jamás lo averiguaremos si no lo intentamos. La incertidumbre es un misterio de la vida que puedes convertir en magia. El ingrediente imprescindible para darle sabor a la vida es la paciencia.

No basta con trabajar dos días, ni dos meses, no. Es tiempo. No sabemos cuánto. Será el necesario. El mínimo, el justo, el perfecto, el que necesitamos para aprender la lección y nunca olvidarla. Y dejarla grabada en nuestro disco duro llamado conciencia.

Finalmente, creo que estaréis de acuerdo en que lo que todos queremos llegar a lograr en la vida es ser felices. Levantarte todas las mañanas y sonreír pensando que eres quien quieres ser y que haces lo que quieres hacer en la vida.

Y cuando conseguimos ser felices. Cuando llegamos a donde queremos, sabiendo que queda un largo camino, llamado vida, le hacemos un favor al mundo.

¿Qué te parece si le hacemos un regalo invaluable a las personas que nos rodean?

¿Qué tal si le hacemos un gran favor a la humanidad y, de paso,  a nosotros mismos trabajando cada día por nuestra felicidad?

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