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Busca tu paz

La paz es algo tan subjetivo…

Una gran amiga, de esas que te conocen desde el alma. Mi amiga más antigua, diría yo. Y que permanece ahí a pesar de la distancia, 10.000 km que nos separan, me dijo un día:

Carmen, busca tu paz.

Sea donde sea. Sea con quien sea. Sola. Acompañada. Llorando. Riendo. Bailando. Gritando. En silencio… Encerrándote. Saliendo. Encuentra tu paz.

El caso es que siempre he seguido sus consejos. Porque siempre acierta. Porque ha ido dando los pasos que siempre he anhelado, para ir abriéndome camino. Porque ha ido plantando semillas de esperanza en mí.

Busca tu paz

Todos tenemos momentos de confusión. De sentirnos incomprendidos. De sentir la soledad que da pánico. La que la mente alimenta de veneno.

Lo habitual es pensar que alguien llega a tu vida de repente a quitarte tu paz. Qué fácil es echarle la culpa al de enfrente. Ya sabéis que siempre insisto en este tema: La responsabilidad personal y la conciencia son las premisas del coaching y que (intento) practicar cada día.

Asumir la responsabilidad de los sentimientos que van apareciendo en ti, es conseguir el equilibrio personal y tu paz. ESA paz. Hemos venido a ser felices y a estar en paz.

Cuantas veces estamos llenos de pensamientos que entran en bucle y dan vueltas y vueltas y vienen y van y entran y salen y vuelven a entrar, para darnos un resultado tóxico como por ejemplo, un dolor de cabeza crónico.

Leo continuamente libros, frases, en las que nos explican que la paz interior no es negociable, que mantenerla depende de ti. Que prescindir de ella es TU TEMA, no el de tu jefe, tu amiga, tu padre o tu pareja.

Y en mi caso, es tarea compleja. Sumamente complicado. Pero no puede ser tan complicado. Y no lo es. Y os diré porque.

Recientemente he abierto los ojos. Una vez más. Es maravilloso como la vida nos enseña. Es mágico todo lo que aprendemos. Y lo que nos queda.

La vida nos repite una y otra vez aquellas cosas que no acabamos de aceptar. Aquellas situaciones que no terminamos de comprender porque duelen.

Entonces nos convertimos en víctimas. ¿Porque siempre me pasa lo mismo? Porque las incomodidades se repiten. Pero con caras, países, lugares, momentos, rincones diferentes. Cada vez, Disfrazados de una forma y situación. Sin embargo, al fin y al cabo, mostrando tus monstruos.

Esas tinieblas que no queremos ver. ¿Yo? No, eso ya estaba superado. Ya había aprendido la lección. ¿Cómo es posible que haya regresado? De nuevo. Después de tantos años. Como un déjà vu.

Pues sí. Otra vez. Cuanto sufrimos.

Y cuando te das cuenta que, una vez más, la respuesta está dentro de ti, es cuando abres los ojos. Es cuando lo entiendes TODO.

Como esa frase que cambió todo para mí:

“Cuando te des cuenta que lo que haces al otro te lo haces a ti mismo, habrás entendido la gran verdad”, decía el gran filósofo y escritor, Lao Tsé.

Y justo ahí, encontré mi paz. Date cuenta de que hacer el bien y hacer felices a los demás, es lo que más puede llenar en el mundo. Guardar rencor, sólo te hace daño a ti mismo. Es real como la vida misma.

Busca tu paz. No te distraigas. Allá donde sea. Sea como sea. Pero ten algo muy claro. Vivir en tu paz no significa que los demás también estén en paz.

Habrá quien no lo entienda. Los juicios volarán por encima de ti pero serás tú quien no permitirá que te afecte. Mientras respetes a los demás, merecerás respeto.

Las opiniones de los demás siempre estarán ahí. A pesar de no pedirlas. Y como duele. Que la gente suelte lo primero que le pasa por la cabeza sin pensar.

Pero ten compasión. Porque no todos eligen vivir en la humildad y el respeto. Es una pena que aquellos que no han despertado todavía no sepan que esta es una gran manera de estar en paz.

Así que empiezo por mí, una vez más. Porque la humildad y el respeto se tiene o no se tiene. Pero se puede perder varias veces al día. Y el trabajo está ahí, en mantenerlo.

Y porque sentir lo que siento, es una elección mía. Propia. De nadie más. Siempre es subjetivo y proviene de mis vivencias y las circunstancias en las que he vivido. Y nadie, tiene la culpa.

La realidad es algo neutro. El valor que le damos a determinadas situaciones viene de nuestros miedos, inseguridades y carencia en nuestra autoestima.

Porque tu paz, no es la misma que la paz de aquellos que te acompañan en el camino. Pero es tuya. Y tu felicidad depende de tu paz.

No pares hasta encontrarla. No te rindas. La paz viene y va. Igual que esos momentos felices. Y tristes. Y de euforia. Y de histeria. Y de luces. Y de sombras.

La paz está ahí, en todos esos momentos de la vida. Encuentra tu equilibrio y nada de hará caer al vacío de nuevo.

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