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Superar el exceso de preocupación

Como os prometí y como continuación a las pautas para la buena gestión de ciertas emociones tóxicas, hablemos hoy de la preocupación excesiva. La preocupación que hace que la calidad de tu tiempo invertido se convierta en una pérdida.

Para eliminar la preocupación es necesario comprender la razón que la respalda. Si la preocupación tiene importancia en tu vida, puedes estar seguro que tiene muchos antecedentes históricos en que apoyarse.

¿Cuáles son sus beneficios? Las retribuciones son muy similares a los dividendos neuróticos que te proporciona la culpa. La preocupación desemboca en comportamientos autoanulantes que únicamente varían en un sentido temporal.

Cómo os decía el otro día, la culpa está enfocada en el pasado; la preocupación en el futuro.

Superar el exceso de preocupación

¿Porqué nuestra mente se desvía constantemente hacia la preocupación?

Nos preocupamos en nuestro momento presente. Es lo más sencillo. Si eliges quedarte quieto y automáticamente inmovilizado por la preocupación que te inspira el futuro, puedes evitar el presente y lo que te está amenazando en ese momento.

¿No os pasa que tenéis una lista de tareas inmensa y no encuentras el momento de empezar? Lo vas retrasando y retrasando y cada vez encuentras más excusas y cada vez con más peso Y tú, con tal de no encontrar una razón para empezar, haces lo que sea. Te causa una pereza insultante; así que empiezas a maquinar preocupaciones sin sentido en tu mente.

Y es que prefieres y eliges evitar correr riesgos usando tus preocupaciones como excusa para inmovilizarte. ¿Cómo vas a poder actuar si estás preocupado con tu problema del momento presente? “No puedo hacer absolutamente nada; estoy tan preocupado.” Ésta es una queja muy común que te mantiene inmóvil evitando el riesgo que significa la acción.

O puedes justificar tu actitud de preocupación constante autodenominándote persona cariñosa o amante y que por ello, te preocupas por los demás. La preocupación demuestra que eres un buen padre, una buena esposa o lo que seas. Es un dividendo estupendo pero malsano y que carece de lógica.

Y también, piensa profundamente en esto: Las preocupaciones son muy útiles para justificar ciertos comportamientos auto frustrantes. Si quieres llevar a cabo un proyecto y no acabas de ver resultados, preocuparte es una solución rápida y mediocre.

Este mismo sistema de retribución neurótica es aplicable a otras zonas como el matrimonio, el dinero, la salud y cosas por el estilo. La preocupación te ayuda a evitar el cambio. Todo se trata de lo mismo: La resistencia al cambio. Miedo al cambio.

Es más fácil preocuparse por los dolores que tienes que correr el riesgo de averiguar la verdad y consecuentemente tener que hacerte responsable de ti mismo.

La preocupación es un recurso muy hábil que sirve para mantenerte inactivo y ciertamente es mucho más fácil angustiarse aunque menos estimulante y agradable, que ser una persona activa y comprometida con las cosas.

Y en términos de salud, como todas las emociones, está científicamente demostrado que las cargas emocionales negativas, afectan a nuestro físico. Las emociones tóxicas perjudican nuestra salud tanto emocional como física.

Las preocupaciones pueden provocar úlceras, hipertensión, calambres, dolores de cabeza, dolores de espalda y muchas dolencias por el estilo. Y aunque éstas no aparentan retribución alguna, obtienen como resultado mucha atención de parte de la demás gente y también mucha autocompasión.

Y mucha gente prefiere ser compadecida que realizarse. Llamar la atención es mucho más fácil que ocuparse de uno mismo y mirarse de frente. Y por dentro. Ahondar en tu interior.

El otro día leí este artículo como superar la ansiedad producida por el exceso de preocupaciones que explica a la perfección cómo resolver estos asuntos y conseguir un mayor bienestar y paz interior. Me he quedado con lo que a mí me funciona mejor. ¡Os hago un pequeño resumen que espero que os ayude!

Puedes seguir algunos sencillos consejos para eliminar tus preocupaciones:

#1 – ¿Tú problema tiene solución?

“Si una cosa tiene solución, ¡para qué preocuparse!, y si no tiene ya solución ¡para qué preocuparse!”, decía un proverbio chino.

Mientras estamos preocupados nos sentimos menos ansiosos por unos momentos, porque mientras lo hacemos nos distraemos de nuestras emociones y sentimos como si hubiéramos logrado algo. Pero la preocupación y la resolución de problemas son dos cosas muy diferentes, ya que preocuparse no supone solucionar nada.

Lo importante entonces es distinguir entre las preocupaciones que tienen solución y las que no la tienen. Si lo que nos preocupa tiene solución, entonces pensemos en cómo solucionarlo y en las medidas que tenemos que adoptar para ello. Esto hace que la preocupación sea productiva y nos acerque a una solución que nos libere de tensiones.

#2 – Acepta la incertidumbre

Desafiar la intolerancia de la incertidumbre es la clave para el alivio de la ansiedad producida por las preocupaciones. Para ello hay que reflexionar y preguntarse si es posible tener certeza sobre todo en la vida, sobre la verdadera utilidad de tener la certeza de todo lo que va a pasar, o sobre si realmente es posible llegar a valorar todas las opciones y encontrar soluciones para todo.

#3 –Enfréntate a tus propios pensamientos

Las personas con preocupación crónica ven mucho más peligroso de lo que es y eso provoca que sobrevaloren la posibilidad de que las cosas salgan mal e infravaloran su capacidad para manejar los problemas, asumiendo que no van a poder superarlos. Estas actitudes pesimistas irracionales se conocen como distorsiones cognitivas, a las cuales es muy difícil renunciar. Pero difícil no significa imposible. Con un buen entrenamiento se puede conseguir.

Hay que comenzar por identificar el pensamiento que genera preocupación de forma detallada y, en lugar de tratar los pensamientos como hechos reales, tratarlo como como hipótesis que se están probando. Al examinar y desafiar a las preocupaciones y temores se consigue desarrollar una perspectiva más equilibrada.

#4 – Se consciente de cómo otros nos afectan y aléjate si es necesario

Las emociones son contagiosas, y los que nos rodean nos afectan mucho más de lo que a veces somos conscientes. Mantener un diario de preocupación donde anotar el pensamiento que crea ansiedad y el desencadenante del mismo ayuda a descubrir patrones y así poder enfrentarnos a lo que nos causa preocupación o aumenta la que ya tenemos.

Cuando consigamos descubrir quiénes son las personas que nos generan ansiedad es importante intentar pasar menos tiempo con ellas. Esto es duro, pero mucha gente, en muchas ocasiones sin maldad, vierten sus problemas sobre nosotros, o intensifican nuestros temores con su actitud. Puede ser duro, pero es muy eficaz.

#5 – Piensa, ¿Y si pasara eso que te preocupa tanto?

Para empezar y como digo siempre. La mayoría de las cosas negativas que pensamos, nunca ocurren. Nuestros pensamientos tremendistas son fruto de emociones como el miedo.

Sin embargo, si pasa… ¿Qué pasa? ¿De verdad crees que por preocuparte va a dejar de ocurrir algo inevitable? ¿Olvidas que no tenemos el control de nada de lo que pasa a nuestro alrededor?

Únicamente podemos controlarnos a nosotros mismos. No me gusta la palabra control, pero me refiero a la gestión. En nuestras manos está la gestión de nuestros pensamientos y emociones ante determinadas circunstancias. Eso sí. Pero no podemos evitar que pase lo que tiene que pasar.

No os olvidéis que todo es perfecto tal y como es. Nos ocurre justo lo que necesitamos que nos pase para aprender, crecer y convertirnos en mejores personas.

La preocupación se centra generalmente en el futuro, en lo que podría suceder. Centrarse en lo que pasa en el presente ayuda a liberar las preocupaciones sobre lo que pasará para vivir el momento actual.

Tómate tu tiempo para observarte. Identifica las emociones que estás sintiendo.  Trata de comprenderlas. Una vez hayas comprendido porque te está pasando esto, puedes gestionar esas emociones para permitirte dejar de sufrir.

Conviértete en un mero observador. Como si se tratara de una peli en el cine. Es decir, sentado en la butaca de la sala, observa desde fuera la película de tu vida.

No intentes controlar nada. Como si observáramos a un extraño. Dejar que esos pensamientos se vayan es más fácil cuando los miramos desde fuera, sin poner resistencia.

Entonces hay mantenerse enfocado en el momento presente, prestando atención a cómo se siente el cuerpo, a la respiración, a los pensamiento que afloran para que se liberen y se libere el atasco que provocan.

No necesitas preocuparte por todas las personas que quieres para demostrarles que las quieres. Hay otras muchas maneras de demostrarlo. Entonces te invito a recapacitar sobre lo siguiente: ¿Has pensado que preocuparse en exceso es tal vez un reflejo de tu falta de amor propio?

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