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Mi carta a Fundación Menudos Corazones

Ya hace un año que me tocó tomar una difícil decisión. Dejar mi labor como voluntaria en la Fundación Menudos Corazones.

Aquellos años de voluntaria no me pudieron llenar más. Que de cosas aprendí. Que de cosas se me han quedado grabadas a fuego. El valor de mis valores cambió. Para mejor. Después de aquellos años… Dejé lejos una parte de mí para convertirme en otra, mucho mejor.

De eso se trata, desde mi mapa, de ser mejor. De aprender. De crecer. De evolucionar como personas. De llenar nuestra vida y nuestro corazón de valores como la humildad, la generosidad, la solidaridad, la empatía…

Y todo esto, entre otras muchas cosas, me aportaron mis años de voluntariado en Menudos Corazones.

Y lo dejé porque así lo elegí. Pero no para abandonar este tipo de vida o mentalidad. Si no porque descubrí que necesitaba trabajarme mucho más para así poder dar mucho más.

fundación menudos corazones

Y me explico:

Me encontraba agotada físicamente, con lo cual, ¿Qué iba a poder aportar de manera positiva si mi estado físico andaba en sus mínimos? Y cuando tu estado físico anda en mínimos, empieza a afectar a tu estado mental.

Me tomé un tiempo para mí y pensar que era lo que yo necesitaba para estar bien. Porque solo encontrándome en un estado de paz y bienestar, podría transmitir eso a los demás.

Cuídate tu primero para después poder cuidar a los demás. Así que eso hice.

Y hoy, hace un año desde que dejé mis actividades en los hospitales acompañando a los niños con cardiopatías y a sus familias. Por ello, quería compartir la reseña sobre mi experiencia que la Fundación me pidió que escribiera como despedida.

Y hoy, estoy llena de proyectos en los que aporto mi granito de arena por un mundo mejor. Sigo en ese camino que me llena de alegría.

Menudos Corazones fue parte de una etapa maravillosa de mi vida y estoy segura de que volveremos a vernos:

MIS DÍAS EN MENUDOS CORAZONES

Cuando me pidieron escribir un testimonio sobre mi experiencia no supe por dónde empezar. Sólo me sale dar las GRACIAS.

Convertirme en voluntaria de la Fundación Menudos Corazones ha sido de esas maravillosas decisiones que tomas en la vida y de la que jamás te arrepientes.

Me introduje en este mundo porque siempre supe que lo mío era ayudar a los demás. Es lo me llena y me hace feliz. Pensé que aportaría muchas cosas pero al final esta experiencia me ha ayudado a mí. No he hecho más que recibir sin parar.

No sé porque razón, después de tener varias alternativas de voluntariado, elegí ayudar a niños con cardiopatías congénitas. Me apunté sin dudarlo. A lo mejor fue su símbolo del corazón de color rojo lo que me hizo lanzarme, que para mí significa amor, y el amor, siempre llama…

Durante estos años he conocido personas magníficas, tanto dentro de la Fundación como compañeros voluntarios. Todo comenzó en “el 12”, donde me recibieron con mucho cariño; Guillermo, Iván, Izan y Fernando.

Empecé con el proyecto de acogida en el que recibíamos a los niños que ingresaban y tenían que esperar un buen rato en la sala de espera hasta que les asignaban una habitación. Guillermo (mi primer maestro) y yo nos poníamos gorros y todo tipo de artilugios para sacarles una sonrisa a esos niños.

Desde ese momento, olvidé lo que significa la palabra vergüenza y el miedo al ridículo.

Fue un gran comienzo. Cuando finalizó el proyecto, colaboraba en la sala de menudos inventando todo tipo de cosas: manualidades, teatros, cuentos y todo lo que podía pasar por la mente en una tarde que tenía que ser emocionante.

Después cambié al “Gregorio” donde continué mi camino y conocí a Jose, Begoña, Beatriz, Maria, Marta y Marta, Rocío… y muchas más personas que aunque no conocía sus nombres, eran parte de mis tardes y formábamos un gran equipo; médicos, enfermeras, voluntarios de otras organizaciones, papás de los niños etc.

Solo me queda dar las GRACIAS.

Por hacerme mejor persona, por enseñarme tantas cosas nuevas, desde manualidades hasta psicología… por hacerme vivir y compartir momentos que no se olvidan, por ayudarme a crecer, por abrirme los ojos, por hacerme valorar los detalles más pequeños de la vida y entender que esos son los más grandes, por hacerme más humana.

Gracias por hacerme sentir toda clase de emociones: alegría, tristeza, nervios, miedo, paz, satisfacción, gratitud, ira, impotencia, sorpresa, amor… y poder sentirlas todas a la vez, en una misma tarde y de manera muy intensa.

Gracias a Elena por confiar en mí como coordinadora de los jueves y a Mary por relevar esa confianza. Gracias a la Fundación por darme esta gran oportunidad.

Espero veros pronto a todos, en algún momento del camino.

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