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Has venido a curarme

Cuantas veces has tenido cerca a personas que te han hecho sufrir. Que cada vez que se acercaban, solo provocaban en ti dolor y más dolor.

Y además, no podías alejarte de ellas. Sin saber por qué, tenías un imán hacia ese dolor y elegías ese sufrimiento.

El día que comprendí que era yo, la persona que elegía sufrir, TODO CAMBIÓ.

Que no eran otros, los que me hacían sufrir. Si no YO, quien elegía sufrir, a través de otras personas.

Has venido a curarme

Y entonces, pasas del victimismo a la conciencia y a la responsabilidad personal.

Algo muy habitual, es quejarse por el trato que recibimos de ciertas personas. Entonces, la queja, nos convierte en víctimas.

Y la víctima solo habla de culpa y coloca la responsabilidad en lo externo =ERROR.
Siempre, siempre, siempre, que nos encontramos una situación incómoda alrededor, tenemos una responsabilidad sobre ello.

CULPA NO. Date cuenta que la culpa no existe, es una creencia que nos limita el saber perdonar, comprender y nos aleja de la solidaridad.

La culpa viene del pensamiento rígido, de la falta de flexibilidad, de la costumbre negativa de la mente.

Por eso, cada persona que se acerca y que según tu percepción “te hace daño”, en realidad, ha venido a curarte. Sí, a curarnos.

Estamos llenos de heridas. Ya desde nuestro nacimiento, tenemos un trauma. El proceso que sufre un bebé al salir del vientre de su madre, es el primer cambio drástico que sufrimos. Una transformación total. ¡Nacemos y pertenecemos al mundo por primera vez!

Y poco a poco, van pasando los años, van ocurriendo cosas, comenzamos a vivir, a conocer el dolor, el amor, el sufrimiento, la crisis, la alegría, el terror, la soledad, la amistad, las relaciones con otras personas en cualquiera de nuestros entornos.

Y todo esto, a veces duele, sobre todo cuando estamos aprendiendo. Cuando tomamos aquellas decisiones que, lejos de denominar equivocadas, son las que nos hacen crecer.

Sin embargo, estar heridos, no significa cerrar nuestro corazón, y ponerle un candado eterno.

El truco está en intentarlo, sin cansancio, hasta conseguirlo. Y para esto, nos encontramos esas personas que nos ayudan. Las que han venido a curarnos.

A veces, son personas llenas de luz y alegría, que, si estamos preparados, en estado de apertura y decididos, consiguen contagiarnos.

En otras ocasiones, son personas tóxicas, aparentemente “malas” que según tu percepción, han venido a hacerte la vida imposible.

Pues no. Si estás en un estado de apertura, verás que no. Sino todo lo contrario.

Porque como decía Jung: “lo que no haces consciente, se manifiesta en tu vida como destino”.

Porque estas personas son EXACTAMENTE lo que necesitamos para convertirnos en mejores personas. Para ser felices. Que al final, es lo que todos deseamos. Es todo lo que hemos venido a ser en este mundo.

Felices.

Y además, debemos darles las gracias. Y la falta de humildad te dirá: ¿Que? ¿Dar las gracias a quién?

Os diré que a mí la gratitud me cambió la vida. Me la han cambiado tantas cosas. Pero sobretodo romper con esas creencias limitantes que llevamos puestas desde que nacimos.

La gratitud es una filosofía de vida. Dar las gracias por las cosas que nos ocurren hace que nos conectemos con nuestras emociones bloqueadas.

Aquellas, que por miedo a sufrir, hemos enterrado en lo más profundo de nuestro corazón, echándoles toneladas de tierra encima para asegurarnos que no nos lastimen más.

Muchas creencias nos impiden ver la realidad como lo que es. Eres tú el que le da forma y fondo a esa realidad. Tú. Tu circunstancia y tu estado de ánimo.

Pero lo cierto es, que nadie ha venido a hacerte daño. Que nadie va a por ti. Que tomarte las cosas que hacen los demás como algo personal es el mayor error. Que las decisiones que toman los demás, nada tienen que ver contigo. Sino con ellos mismos…

Igual que las decisiones que tomamos nosotros son resultado de nuestras circunstancias, vida, situación y mil ingredientes más de la receta agridulce de la vida.

Y hasta que no veas esto. Nada cambiará. Y hasta que no cambies tú, nadie cambiará. Y hasta que no abras los ojos y decidas quitarte la venda y las cadenas que llevas puestas que impiden que abras tus brazos al abrazo de la vida, todo seguirá igual.

Y a medida que me hago más humana, veo al resto de seres más humanos.

Gracias por leerme. Gracias por ser y estar. Yo sin vosotros ni sería, ni estaría.

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