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El psicólogo y escritor estadounidense, Daniel Goleman dice:

Si no controlas tus habilidades emocionales, si no tienes conciencia de ti mismo, si no eres capaz de controlar tus emociones estresantes, si no puedes tener empatía y relaciones efectivas, entonces no importa lo inteligente que seas, no vas a llegar muy lejos.

1. ¿Qué entendemos por inteligencia emocional? Definición y datos científicos

Hay muchas definiciones para el concepto de inteligencia emocional. Como dato cultural, el concepto nació en 1990 en la Universidad de Yale. Lo definimos como una serie de habilidades que nos ayudan a razonar con nuestros sentimientos y sobre nuestros sentimientos. Se trata de reconocer emociones en otra gente o en uno mismo; comprender las causas y ponerles nombre a esas emociones tener un lenguaje para expresar y describir emociones (expressing), y, por último, gestionar esos sentimientos (regulating).

El mundo puede ser un poco más bonito si aprendemos a utilizar nuestras emociones para un bien común. Podemos crear entre todos un mundo más sano, más equitativo, más innovador y más compasivo. Debemos seguir realizando investigaciones sobre las emociones y por otro lado, desarrollar maneras novedosas de enseñar inteligencia emocional a gente de todos las edades y en cualquier ambiente, sean niños que van a la escuela o políticos y presidentes de compañías.

Todavía hay personas llenas de creencias que consideran que mostrar sus sentimientos es un signo de debilidad. Sin embargo, si abrimos nuestra mente, consideraremos la aparición de sentimientos como una fuente muy poderosa de información. Son datos y nos condicionan nuestra forma de pensar. Si aprendemos de verdad a manejar nuestros sentimientos nos pueden ocurrir cosas maravillosas. Las investigaciones científicas nos dicen que la gente que suprime sus sentimientos no es tan sana como la gente que los expresa. Las emociones tienen que ir a algún lado. Y si nos las sacas por algún lado, las bloqueas y el cuerpo es entonces cuando enferma tratando de decirnos algo… Así que, si no salen, van a tu corazón, a tu sistema inmunológico, a tu estómago… Sabemos que cuando controlas y suprimes tus sentimientos, eso interfiere a la manera en la que percibes el ambiente que te rodea. Nuestro sistema emocional y el cognitivo están conectados. Cuando evitamos sentir, por miedo a sufrir, suprimimos los sentimientos, va a ser complicado, por ejemplo, tener unas relaciones de amistad sanas y que nos aportan valor.

Hay estudios neurológicos que revelan que en las emociones intervienen partes del cerebro responsables de funciones fisiológicas. Que las emociones son, literalmente, viscerales. Las emociones aparecen por algo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Puede ser un pensamiento que he tenido, pensar en mi jefe, o alguien que me habla mal. Entonces mi cerebro empieza a extraer significado de esa experiencia. Observar cómo se comporta tu cuerpo y mente es vital para comprender esa emoción. ¿Es una amenaza? ¿Cómo reacciona el latido de mi corazón? ¿Tiendo a irritarme o a darle un abrazo? Mi memoria también interviene, con otras experiencias que se parecen a esta. Hay muchos factores en juego. Pero resumiendo de la manera más sencilla, una emoción es una respuesta corta y automática, a un estímulo que causa cambios en nuestro pensamiento, fisiología y comportamiento.

Tal vez podemos pensar, que ser racional no te permite tener un desarrollo emocional adecuado. La ciencia ha demostrado que cómo te sientes afecta a la manera en que evalúas las cosas. Sucede fuera de la conciencia. Es decir, que cómo nos sentimos, influye en nuestra manera de pensar y condiciona nuestros juicios, pero no somos conscientes de ello. Ser emocionalmente inteligente es comprender que antes de empezar a evaluar un conflicto o situación desagradable necesitas una pausa, reflexionar sobre dónde estás. El primer paso para ser consciente emocionalmente es identificar el sentimiento. Una vez identificada la emoción, ¿Cuál es el siguiente paso? Lo primero es reconocerla, comprenderla y ponerle un nombre. Después, expresarla y gestionarla. Tienes que saber cómo tu respuesta va a hacer sentir a la otra persona. De esto se trata la empatía, fundamental para unas relaciones interpersonales óptimas. En 2016 se realizaron estudios a 22.000 alumnos de secundaria y las tres principales palabras a las que recurrían cuando les pedían que expresaran sus sentimientos en clase eran “cansado”, “estresado” y “aburrido”. El 77% de las palabras que decían podrían categorizarse en esas tres. Y entonces, comienzas a plantearte como una persona con cualquiera de esos sentimientos, está dispuesta a aprender. Todo esto influye en cada decisión y acción que tomamos a cabo en nuestro día a día. Y por supuesto, en el tipo de relaciones que elegimos tener con nuestro entorno. Si sentimos apatía, somos negativos, estamos aburridos, hasta el sentido de nuestra creatividad brilla por su ausencia. Me he encontrado con muchas personas a lo largo de estos años que me dicen que no son creativos, que es una cualidad de la que carecen. Si nos diéramos cuenta de que la creatividad es algo que podemos trabajar, como cualquier habilidad emocional… Como dato curioso, os diré que la gente que no entiende sus propias emociones, tiende a tener más depresión, ansiedad y comportamientos agresivos.

2. Comprender tus emociones te acerca al logro de tus objetivos. Entorno laboral.

Las emociones en el entorno laboral funcionan igual que cuando éramos pequeños y estábamos en el colegio. Hay personas muy inteligentes y que obtienen excelentes resultados que generan beneficio en la empresa, sin embargo, les faltan habilidades emocionales. A efectos de cargos de mando, saber, por ejemplo, cómo dirigir una reunión de trabajo, cómo inspirar a un equipo, cómo hacer una buena presentación, cómo manejar un conflicto. En mi opinión, las habilidades de inteligencia emocional son de una importancia crítica para el éxito en el puesto de trabajo, y también para buscar un trabajo y acertar en la decisión. Si queremos lograr un ambiente laboral emocionalmente efectivo, debemos interesarnos por cómo se siente la gente. Si no sé que algún compañero de trabajo se siente poco respetado, poco valorado o desubicado, pierdo muchísima información. Así que lo primero es preguntar a la gente cómo se siente. Llegar a tu puesto de trabajo y saludar con una sonrisa no tiene nada que ver con llegar en silencio y sentarse sin decir nada ni mirar a nadie. Tanto tu día como el de los de tu alrededor marcará la diferencia según con qué actitud decidas comenzar la jornada. Permite que los demás expresen sus sentimientos sin tomarte nada de manera personal. Seguro que yo he hecho cosas en el pasado que han provocado a la gente sentirse incómoda. Necesitaré saberlo porque lo último que quiero es que alguien dentro de mi equipo de trabajo tenga sentimientos negativos sobre mí.

Una vez sabemos cómo se siente la gente, es importante preguntar cómo quiere sentirse. ¿Qué hace cada día una persona para sentirse más conectada? ¿Cuál es la última vez que le dijiste a alguien que le aprecias, la última vez que ofreciste ayuda? Es importante ayudar a la gente a desarrollar las habilidades de inteligencia emocional, a manejar sus emociones de manera más efectiva. Hay muchas maneras de mejorar emocionalmente un lugar de trabajo, pero todas tienen que ver con interesarse por cómo se siente el individuo, averiguar cómo se quiere sentir el grupo y apoyar a cada persona a desarrollar las habilidades que necesita para convivir con sus sentimientos. Las investigaciones han demostrado que las habilidades emocionales de un puesto de mando están relacionadas directamente con cómo se siente la gente en el trabajo. Se siente más inspirada cuando trabaja en una organización donde hay un líder con inteligencia emocional. Piensa por un momento que tipo de situación laboral estás viviendo: si trabajas para un jefe con poca inteligencia emocional, ¿vas a dirigirte a él cuando tengas un problema? Es importante la transparencia en el liderazgo. Hay quien cree que el hecho de que la gente sepa cómo te sientes te hace más débil. Para mí, ayuda a construir relaciones y, si creo que es bueno que estemos conectados, inspirados y apoyados, es la responsabilidad como jefe o como empleado ser parte de eso. Eso determinará cómo hablo a la gente, cómo me implico cuando hay conflictos. Tiene que ver con cómo asignamos las tareas. Si la gente pide mayor equilibrio, debes respetar sus vidas personales. 

ACLARA TUS PENSAMIENTOS

como entrenar tu mente con la inteligencia emocional

3. Todos tenemos la capacidad de desarrollar nuestra inteligencia emocional

Por esta y muchas razones más, las emociones, esa verdadera esencia, nuestra esencia, eso que define nuestro verdadero yo, sin disfraz, es el motor que mueve nuestro mundo. Son las responsables de nuestra cuenta de resultados personal, que puede dar lugar a un balance mediocre o a estar en los primeros puestos de tu propio bienestar. Nos comportamos en base a cómo nos sentimos, y de ahí al resultado. No es especulación, el truco es que son nuestro mejor aliado, poderosas protagonistas de lo que se cuece en nuestro cerebro. Esta inteligencia, al igual que la otra, se aprende. No se nace sabiendo. Se trata de habilidades y competencias que como tales son el resultado de un proceso de aprendizaje. La inteligencia que necesitamos empieza por dar valor a lo que de verdad importa. La inteligencia emocional cambia la forma en la que percibimos el mundo y cómo interpretamos las acciones de los demás. Es un básico para salir del victimismo y posicionarte en la responsabilidad. La responsabilidad personal de sentir lo que sentimos y responsabilidad de la toma de decisiones del día que nos lleva a ejercer determinadas acciones en cada instante. Las emociones son parte de nuestra inteligencia, pequeños tesoros a lo grande que guían nuestras decisiones. Y si de ellas depende nuestra toma de decisiones, ¿Cómo no hemos sido educados emocionalmente? La educación e inteligencia emocional resulta fundamental para convertirnos en personas íntegras con valores que ejercen la compasión y la solidaridad hacia los demás.

4. Educación emocional; la escolarización de las emociones.

Han “infundido la inteligencia emocional en el ADN” de 2.500 colegios por todo Estados Unidos, hasta la fecha, y también de Italia, Reino Unido, China, Australia, México o España, donde han trabajado en 25 centros. Hay que tratar a los niños como personas inteligentes. Son niños, no tontos. Eso es lo importante para nosotros. Los niños tienen derechos, debe hablárseles con respeto. Deben ser tratados con dignidad. Son pequeñas personas, y las palabras y las formas de comunicación afectan a su desarrollo.

Falta educación en el lenguaje emocional. El resto es trabajar para que la gente tenga las habilidades y las palabras para conocer sus emociones. En el mismo momento en el que tratas de dominar a los demás estás derrotado. Estudiar la forma de resolver los conflictos, no de iniciarlos.

Hay que dar al mundo permiso para sentir. La buena paternidad es tan importante porque, si la afrontas a través de tus lentes y tus experiencias, entonces careces de empatía. Porque no se trata de ti. Nunca nada se trata de ti cuando eres padre, se trata de tu hijo, de sus experiencias. Si constantemente quieres que tus hijos sean como tú, lo que sucede es que no permites que sean ellos mismos. Si mi hijo me dice que tiene miedo, quiere decir que tiene miedo. No tengo derecho a decirle que no tiene que tener miedo, que debe superarlo, que debe ser duro. Estoy eliminando el derecho de mi hijo a ser un ser humano. No creo que los padres lo hagan conscientemente. Queremos estar rodeados de gente como nosotros, así que tratamos a la gente como si lo fuera. Y cuando los hijos no son como nosotros, es difícil. 

5. Microemociones

    • La empatía, que consiste en escuchar los sentimientos reales subyacentes al mensaje verbal, es el modo más eficaz de escuchar sin adoptar una actitud defensiva.
    • Trabajar en equipo como iguales en la búsqueda de un objetivo común.
    • La inteligencia emocional, las habilidades que fomentan la armonía entre las personas, será un bien cada vez más preciado en el mundo laboral.
    • La inteligencia social, la capacidad de reconocer lo que es apropiado y lo que no lo es dentro de una relación social.
  • Ruido emocional y social.