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En mis zapatos

Y hoy quiero dedicar mi escrito a la empatía; hermosa capacidad de las personas de ponerse en los zapatos del  otro. Poseer esta habilidad es un regalo. Para el que la posee y para los que tiene a su alrededor. La empatía implica apoyo y comprensión.

¿Y qué mas podemos pedir a las personas que nos rodean más que apoyo y comprensión?

Sorprender a la personas es el acto de amor más maravilloso que se puede dar. Y si lo recibes, ya ni te cuento… Las sorpresas siempre gustan. Recibir regalos sin ninguna expectativa, siempre anima.

En mis zapatos

Pero es que cuando todo esto te llega en momentos difíciles, no te caben en la boca las palabras que quieres expresar. Por eso, he querido plasmar en un “papel”, de la mejor manera que sé, todo lo que ha provocado dentro de mí la sorpresa de este fin de semana.

La amistad es uno de los valores que más me acompañan. Mis amigas, son un pilar fundamental en mi vida. Amigas que se hacen llamar hermanas. Y hermanas de sangre que se hacen llamar amigas.

Sin embargo, los últimos dos años, le he dado prioridad a otras cosas que me han hecho “alejarme” de ese valor tan importante para mí. Sentí una necesidad muy grande que debía cubrir y me dediqué a estudiar para convertirme en aquello que a día de hoy, ya es un sueño hecho realidad.

En su día decidí que necesitaba trabajarme a mí misma, para desarrollarme como persona y comencé un proceso intenso de desarrollo y crecimiento personal. Y por esta razón, decidí dejar un poco de lado tanta dedicación a las personas que me rodean y que tanto quiero.

Sé que ha habido quienes no lo han comprendido del todo. Sé que tal vez no les ha gustado. Sabía que me arriesgaba. Pero decidí cumplir mis sueños. Y para eso, debía centrarme unos años en mí.

¿Y porque os cuento esto?

Pues porque este fin de semana me han demostrado que cuando hay amor de verdad, no importa lo que hagas o dejes de hacer con tu propia vida. Y eso, en mi mundo, se llama respeto, otro de mis valores colocados en el TOP 10.

Allí han estado. Todas. Las que han venido en persona y las que no. Todas. Las que han venido en avión. Las que se han cruzado el mundo para estar conmigo. Las que han dejado bebés y no tan bebés. Las que han dejado maridos e hijos adolescentes. Para darme una alegría irrepetible. Para hacerme sentir cosas que pensaba inalcanzables.  Las que les gustan estas historias y a las que no les gustan nada. Para hacerme un poco más feliz.

Me habéis traído una de las cosas más importantes de mi vida: Mis hermanas … Las 3. Que a pesar de que unas estén más lejos que otras, nunca había tenido el privilegio de tenerlas juntas, conmigo, todo un fin de semana.

Y eso jamás lo olvidaré. Estos son los momentos verdaderamente importantes de la vida. Lo que sí importa. Regalarle el tiempo a las personas que más quieres en el mundo, es el regalo más preciado de todos. Estos son los regalos que marcan para siempre.

Y es que cuando estás feliz. Que hagan cosas para sumar, no tiene precio. Pero si además estás atravesando uno de esos baches tan necesarios en la vida, esto vale más que todo el oro del mundo.

Sentir este acompañamiento en un proceso difícil, te hace fuerte como un roble. Recuperas las fuerzas perdidas y das un paso más con carrerilla incluida. Y entonces ya no puedes parar.

Así que gracias. GRACIAS. Porque había olvidado muchas cosas que yo sí sabía. Se me borraron de mi mente por momentos; se me escaparon mis pensamientos hacia el futuro. Gracias por devolverme a mi bonito presente. Os habéis unido todas para recordarme lo que soy. Quien soy. Y quien debo seguir siendo. Gracias por llenarme de MÁS ganas y MÁS fuerza.

Porque empiezas a encontrar de nuevo todas esas cosas que, por un descuido, se habían vuelto a esconder en lo más profundo de mi ser. Otra vez. Y despiertas de tu despiste. Y vuelves a acercarte otra vez a tu centro. Ese en el que los miedos están lejos y pequeñitos.

Ese centro en el que tú eres grande. De tamaño natural. Ni más ni menos, sólo como debes ser. Ese lugar que tan bien te hace sentir y del que nadie puede moverte, siempre que tú no quieras.

Y yo, que nunca he sido de pedir ayuda, resulta que me llega cuando más la necesito. Desde luego pedir ayuda es la manera más bonita de demostrarnos que nos queremos a nosotros mismos. Si no lo haceís, empezad ya a hacerlo.

Así que GRACIAS. Con todas las letras en mayúsculas. Por ser. Por estar. Porque me habéis demostrado que una puede ser una misma y que la van a querer igual. Que el respeto es fundamental en la relación con las personas.

Que el amor puro es el incondicional y el que no pide nada a cambio. Aquel amor que solo quiere la felicidad del otro. Ese amor que crece si la felicidad de las personas a las que quieres aumenta.

GRACIAS por haber trabajado tanto para que este fin de semana sonría con cada sorpresa que iba sucediendo a cada instante.

Por elegir un entorno perfecto. Ese en medio de la nada, solo campo, caballos y mucho verde. Con actividades perfectas y gente perfecta para mí. Perfecto y adaptado a mí. Pensado con mis zapatos puestos. Sin duda, habéis acertado. Os habéis puesto mis zapatos preferidos.

Solo he visto amor del de verdad estos días. De ese de no juzgar, ni criticar. De ese que se da con respeto. Sano. Natural. Bonito. Auténtico.

Me habéis traído amor de ese que consiste en hacer esfuerzos cuando estás sin fuerzas. O del de dar amor a pesar de haber sentido desamor. Amor del que transmite energía aunque en realidad te sientas totalmente apagado.

A partir de ahora, seguiré en el camino de la felicidad, ya no por mí, sino por el resto del mundo. Mi mundo. Y el vuestro.

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