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La ley del espejo

Desde que tengo uso de razón, recuerdo que mi madre siempre me decía:

“Todos somos espejos”.

Mi madre, Manuela, es otra de mis grandes maestras que me enseña cosas nuevas cada día. Ella repetía sin cansancio “Todos somos espejos Carmen”, me decía, cuando me había disgustado con alguien y le culpaba por mi enfado.

He de confesar que me pasé toda mi infancia sin entender nada, pero nada… Y a medida que he ido creciendo, aprendo y en consecuencia, comprendo. Para mi, comprender lo es todo. Cuando comprendemos se nos abre un horizonte nuevo de respuestas. Si no comprendemos el porqué de las cosas que nos pasan, no podremos avanzar hacia el futuro que queremos.

En mi caso, he comprendido, si no todas, casi todas las cosas duras que han ocurrido en mi vida. Y llegar a este resultado es gracias a un trabajo incansable de introspección con el cual voy consiguiendo conocerme a mi misma. Saber lo que quiero y así poder ir en la dirección correcta. Y mientras, me voy acercando al concepto de madurez. Aunque todavía me pregunto si alguna vez se consigue el éxito de la madurez, si nunca dejamos de aprender hasta que dejamos este mundo.

La cuestión es: ¿Qué significa esta frase?

Fueron pasando los años, en los que para ser muy sincera con vosotros, mi emoción habitual era el enfado. Poco a poco, fui descubriendo el porqué, como os decía antes, a base de comprender. El cómo lo hice es otra historia que algún día os contaré. El caso es que el año pasado, durante mi posgrado en inteligencia emocional, llegó a mis manos el relato de “La ley del espejo”. En ese momento di mil vueltas por dentro, recordando la frase de mi madre.

Leerlo me sumó hasta donde no podéis imaginar. Me llegó como anillo al dedo cuando más lo necesitaba.  Hice cosas que nunca pensé que podría llegar a hacer. Conseguí perdonar. Y es que averigüé que perdonar era la solución a mi enfado. Sentía rencor. Al principio, no podía saber que esto era lo que por fin, me iba a liberar.

Rencor. Un sentimiento inútil que solo hace daño a una persona: A ti mismo

Me di cuenta y tomé conciencia de que había logrado lo más importante: Perdonarme a mi misma. No te das cuenta de lo imprescindible que es perdonarnos a nosotros mismos hasta que el enfado que llevas dentro pesa toneladas. Pesa tanto que no nos deja volar. Volar hacia nuestros sueños. Volar hacia nuestra felicidad.

Y es que al fin y al cabo, ¿Quién nos enseña a perdonar?. Lo que nos enseñan en el colegio siempre se centra en la ciencia física, en lo que puede verse con los ojos. La Ley del espejo es una ley descubierta en psicología hace ya bastantes años.

Las cosas que nos ocurren cada día son el resultado. Cada resultado siempre tiene una causa. Y esta causa se halla en tu interior. Es decir, debes saber que la realidad de tu vida es el espejo que refleja tu interior. Los acontecimientos que nos ocurren sintonizan exactamente con nuestro interior. Funciona como otra ley: La de “causa y efecto” que explica que la causa que se halla en nuestro interior se hace realidad como efecto:

Cada acción genera una fuerza de energía que regresa a nosotros de igual manera…

“Cosechamos lo que sembramos.

Y cuando optamos por acciones que les produce

en alegría y éxito a los demás, el fruto

de nuestro karma es también alegría y éxito.

Cambia tu mirada y cambiarás tu realidad.”

(Deekap Chopra)

¿Has pensado en la importancia de mirarnos al espejo? ¿Verdad que sin espejo uno no puede verse a sí mismo?

Ahora piensa que la vida es como un espejo. Gracias al espejo que es la vida podemos ser conscientes de nosotros mismos y tenemos la oportunidad de cambiar. La vida está hecha para permitir desarrollarnos hasta donde sea.

Mírate al espejo y piensa en el valor del respeto. ¿Te respetas a ti mismo? ¿Respetas tus valores? Hasta que no te respetes a ti mismo, el resto del mundo no podrá respetarte. Si quieres traer felicidad a tu vida piensa que ésta es un espejo que refleja nuestro interior.

Cuida tu interior y elige con mucho cuidado con que lo quieres ir llenando. Valora cada cosa que te llega y decide si la quieres recibir o por el contrario, la vas a rechazar. Acepta sólo las cosas que te sumen, que te hagan mejor persona. Si llenamos el interior únicamente de insatisfacción, no podremos iniciar el camino.
Y, al contrario, si tenemos el corazón siempre lleno de agradecimiento, ocurrirán más acontecimientos que nos harán sentir más agradecimiento.

La vida es un espejo que refleja nuestro corazón.

Utilizando esta ley, muchas personas han conseguido cambiar una situación actual adversa, y hacer realidad la situación deseada.
Al igual que cuando nos miramos en un espejo podemos conocer nuestra propia imagen, si miramos lo que nos pasa en la vida podremos conocer qué tenemos dentro del corazón.

Para resolver de raíz los problemas de la vida hace falta eliminar la causa que se halla en el propio corazón. Si no cambiamos nuestro interior, y únicamente esperamos que cambien los otros y las situaciones, no conseguiremos lo que deseamos.

Si siento resentimiento hacia alguien y pienso que nunca se lo podré perdonar, no conseguiré nunca la paz interior. Estamos trastornados porque una fuerza extra está actuando sobre nosotros. Y si no hacemos nada por cambiar esta situación, se acabará convirtiendo en sufrimiento.

El significado de esto, es que nos estamos permitiendo quedarnos anclados en el pasado. Y al empeñarnos en mantenernos en el pasado, regocijándonos en el dolor, no vemos las oportunidades del presente. Debemos agradecer nuestro pasado. Aunque nos haya hecho sufrir, el pasado nos enseña muchas lecciones. Lecciones imprescindibles para vivir el presente.  Agradecer el pasado implica perdonar. Si perdonamos, tanto nuestro cuerpo como nuestro interior se calman y podemos relajarnos.

Nos liberamos del hechizo del pasado, y conseguimos paz y libertad de espíritu.
No pienses que perdonar significa que damos el visto bueno a lo que nos han hecho, ni que lo pasamos por alto. Tampoco significa que tengamos paciencia a pesar de pensar que “el otro” tiene la culpa; o más bien, tiene “la responsabilidad”. (Rechazo la palabra culpa. La saqué de mi vocabulario hace tiempo). Perdonar significa que nos liberamos del pasado que nos ata, que dejamos de hacer reproches y que escogemos la calma de los momentos presentes.

Así que te invito a meditar un poco y a hacerte estas preguntas:

¿Sientes en este momento resentimiento hacia alguien?
¿Estarías dispuesto a perdonar a esa persona con tal de conseguir ser feliz?

Y mientras cierras los ojos, respiras hondo, hasta 10 veces, sin prisa pero sin pausa, y te sientes relajado, recuerda algo muy importante que debes tener siempre presente dentro de tu corazón:

Perdonar a alguien es sólo para ti. No es para nadie más.

Perdonémonos a nosotros mismos y seamos felices viéndonos reflejados en nuestras sonrisas.

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