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Nuestra experiencia y nuestra percepción del mundo exterior son procesos subjetivos que nos llevan a construir nuestro particular mapa de la realidad. Por medio del lenguaje, expresamos aquello que tenemos dentro de nuestra mente. Sin embargo, si tomamos consciencia, esa descripción pocas veces coincide con lo verdaderamente vivido, ya que, desde que se produce el evento hasta que se convierte en experiencia propia (memorización o recuerdo), el proceso pasa por nuestros filtros los cuales distorsionan la realidad.

Los filtros neurológicos son los más complicados de localizar ya que se encuentran en nuestro inconsciente. Nuestra mente está llena de programas mentales que hemos ido formando con el paso de los años, nuestras experiencias subjetivas y los aprendizajes. Pero lo cierto es que si queremos llevar a cabo un cambio mental, debemos reprogramar nuestro cerebro. Y la buena noticia es que sí es posible. Los estados internos, o estado anímicos, son producto de los procesos internos previos, es decir, de nuestros pensamientos, y pueden ser conscientes y deliberados, o automáticos y semiconscientes. Tanto unos pensamientos como otros, producirán estados internos. La diferencia es que los conscientes podemos cambiarlos. Sin embargo, para poder cambiar los semiconscientes, primero debemos descubrirlos. Podemos convertir estados de pensamiento limitantes en potenciadores, a base de técnicas de programación neurolingüística (PNL) y así conseguir la reprogramación de la mente. Terminar con programas anticuados y repetitivos que lo único que aportan son límites y falta de motivación. Construir una imagen mental completa de ti mismo en el futuro, es vital para modificar los patrones a los que está habituado nuestro cerebro.

Como explica Salvador A. Carrión en su libro, La Magia de la PNL, “todo esto es posible si seguimos los principios de la impecabilidad”:

  • Libérate: De las adicciones al consumo y las dependencias. Del miedo, de permanecer en la zona de confort. De estar en lo cierto, de saber que tienes que hacer del fantasma del bienestar y de ser más. Sé consciente de lo que haces y cómo lo haces. Piensa en el ¿Para qué? De cada acción que llevas a cabo.
  • Cree firmemente que el mapa no es el territorio: Acepta que los programas mentales distorsionan nuestra realidad creando ilusiones acerca de personas y situaciones. No olvides nunca que lo que tú crees que es o como tú crees que deben ser las cosas, no son más que fantasías que no tiene nada que ver con la realidad. Y que la verdad de otras personas, aunque no tenga que ver con la tuya, también puede ser verdad.
  • Obsérvate: A pesar del dolor que sientas, concéntrate en cuando entran en acción tus estrategias y programas de justificación que te hacen seguir siendo dependiente y adicto a tu comportamiento de culpabilizar a los externos de aquello que sientes dentro.
  • La naturaleza es sabia y la vida te ayuda: Elimina tu historia, la que te hace daño. El pasado terminó y el futuro no ha llegado. Para sentir la libertad, suelta personas y situaciones que no podrás cambiar. Limpia tu vida.
  • Toma la responsabilidad del aquí y ahora: Eres tú quien crea tu realidad, en base a tus pensamientos. Eres quien crea tus propios estados internos y quien ejecuta las correspondientes acciones. Las personas y el mundo reaccionan según tus acciones. Por lo tanto recuerda que eres el único que tiene la capacidad de mover los hilos de las marionetas de tu entorno.
  • Sé ecuánime: Haz un esfuerzo por identificar tus estados emocionales a cada momento. En el momento que sientas alguna emoción desagradable o incómoda, elimínala, sustitúyela o modifícala.
  • Ábrete a los demás: Comparte con los demás lo que tienes dentro. Desde el conocimiento, aprendizaje, experiencias, información. Descubre tu talento y entrégaselo a los demás. Ponte a su servicio.
  • Compren los problemas de los demás: Aporta soluciones sin involucrarte de manera emocional. Sólo podrás ayudar desde la ecuanimidad. Equidad y comprensión sin emociones que hagan borrosa la razón.
  • Equilibrio, armonía y empatía: Aprende a parar esperando el momento oportuno. A veces la acción no aporta nada positivo por nuestra manera de sentir en ese momento. Practica la inacción cuando lo veas oportuno.
  • Silencio interior: Detén el diálogo interno, procura la quietud mental. La contaminación del diálogo interno no permite que entre nada de valor. Recuerda que para que algo pueda estar lleno, primero debe vaciarse.
  • Sé consciente de tu consciencia: Toma conciencia de tu conciencia. Aunque sea una vez al día. Para el piloto automático y sé consciente de que estás siendo consciente. Piensa en el resto de la humanidad siendo conscientes de su conciencia y entonces, toma conciencia de la unidad de todos los seres humanos.