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La base de una salud emocional es tener una mente sana. Como bien sabéis, el famoso mens sana in corpore sano del poeta romano del S. I Juvenal, el sentido de esta frase representa la necesidad de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado; de la misma forma que entrenamos nuestro cuerpo para tener una buena salud, podemos entrenar nuestra mente.

El primer paso es creer que nuestro cerebro es un músculo más a entrenar de nuestro cuerpo. Resulta vital trabajar nuestra mente. Su hábito enfocado al mínimo esfuerzo, nos muestra la importancia de realizar hábitos emocionales saludables cada día.

Es posible entrenar el cerebro para que el individuo tenga una mayor sensibilidad, e incluso para que sea capaz de sentir de una determinada manera.

Contar con una mente sana implica tomar conciencia de que somos los creadores y no únicamente observadores de los acontecimientos externos. Esto supone literalmente un salto enorme en como contemplamos el mundo y a nosotros mismos. Aunque nuestra reacción está todavía llena de resistencia pues resulta más cómodo volver a la “seguridad” de nuestra pequeñez que asomarnos a la grandeza inconmensurable de nuestra auténtica realidad.

Sin duda esta es una verdad que puede resultar incómoda porque apunta a tomar plena responsabilidad en nuestras vidas y abre al mismo tiempo horizontes de curación ilimitados.